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El viaje del chocho, una semilla ancestral : gentes y paisajes que albergan su camino

Martinez Flores, L.A.; Ruivenkamp, G.T.P.; Jongerden, J.P.

Summary

Cuando uno sube desde la parroquia de Zumbahua hasta las faldas del volcán Quilotoa, en la provincia de Cotopaxi, Ecuador, es posible observar que los cultivos de papa (Solanum tuberosum), haba (Vicia faba), oca (Oxalis tuberosa), melloco (Ullucus tuberosus) y cebada se ubican en tierras buenas que están entre 2500 y 2800 msnm. Entre 2800 y 3800 metros, el lupino (Lupinous mutabilis Sweet), una leguminosa comestible, es plantada generalmente en los terrenos más altos de los agricultores indígenas y muchas veces intercalada con los pajonales. Hasta finales de la década de 1980, el lupino fue objeto de prejuicio racial y social. Había sido domesticado en algún momento antes de la llegada de los incas y ciertamente hay evidencia de su uso en Ecuador durante el periodo colonial temprano y a lo largo de los tres siglos de la dominación española en la región andina (Martínez-Flores, 2015). Debido a su origen indígena andino y su raro uso en las áreas urbanas, estaba visto por los consumidores de la clase media urbana como una comida que solo era apropiada para indígenas y pobres. De alguna manera, esta percepción ha cambiado en la actualidad, porque ha sido producido comercialmente, promovido y adaptado culturalmente por consumidores interesados en salud y ecología. De tal manera, que el lupino se convirtió en una especialidad gastronómica y una comida saludable.